Espondilitis anquilosante

Podemos decir que tanto la espondilitis anquilosante (EA) como la espondiloartritis axial no radiográfica (ESAAX-NR)
se incluyen dentro de la espondiloartritis axial.

La espondilitis anquilosante puede ser una enfermedad debilitante que se manifiesta principalmente con lumbalgia crónica y rigidez, y también puede acompañarse de artritis, inflamación ocular y/o del tubo digestivo.

La espondilitis anquilosante es la más frecuente de todas las espondiloartritis. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica, que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la columna vertebral. La padecen generalmente personas jóvenes y, especialmente, hombres entre los 15 y 25 años. En las mujeres suele ser más leve y, por ello, muchas veces es más difícil de diagnosticar.

La enfermedad evoluciona lentamente, pero si no se trata puede llegar a fusionar vértebras entre sí, dejando la columna rígida, carente de movilidad y flexibilidad (el término “anquilosante” proviene del griego “ankylos”, que significa soldadura, fusión). De ahí la importancia de la detección temprana para un buen pronóstico de la enfermedad. 

Para detener su avance se necesitan tanto terapias de rehabilitación y gimnasia como tratamientos farmacológicos.

Actualmente se desconoce qué produce este tipo de enfermedad, pero sí que la genética juega un papel importante. La espondilitis anquilosante puede aparecer en personas sanas o en pacientes con una enfermedad en la piel, psoriasis o enfermedades inflamatorias del intestino.

No es una enfermedad rara, ya que se calcula que tiene una incidencia de unos 7 nuevos casos por cada 100.000 habitantes.

Síntomas de la EA

  • Dolor lumbar o lumbago, producido por la inflamación, que aparece cuando el paciente se encuentra en reposo, mejorando con la actividad física. Así, el dolor suele ser máximo durante la noche y obliga al paciente a levantarse y caminar para notar sensación de alivio o el cese del dolor.
  • Es una enfermedad sistémica, lo que significa que puede afectar a otros órganos del cuerpo. En algunas personas puede causar fiebre, pérdida de apetito, fatiga...
  • Puede haber una disminución de la función de los pulmones al reducirse la elasticidad del tórax. Por lo que el tabaco está totalmente desaconsejado.
  • Es relativamente frecuente la inflamación de algunas partes del ojo (uveítis), que se manifiesta como dolor y enrojecimiento ocular y precisa de la atención del oftalmólogo.
  • Con el paso del tiempo, la columna vertebral puede volverse rígida dando lugar a una disminución de la movilidad espinal y una postura encorvada.
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